Isaías 10:11
¿no haré con Jerusalén y sus ídolos lo mismo que hice con Samaria y sus ídolos?
Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJVEl versículo en su contexto
Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.
8 Porque dice: «¿No son mis príncipes todos reyes?»
9 ¿No es Calno como Carquemis? ¿No es Hamat como Arpad? ¿No es Samaria como Damasco?
10 «Así como mi mano halló los reinos de los ídolos, cuyas imágenes superaban a las de Jerusalén y Samaria;
11 ¿no haré con Jerusalén y sus ídolos lo mismo que hice con Samaria y sus ídolos?
12 Por eso, cuando el Señor haya cumplido toda su obra en el monte Sion y en Jerusalén, castigaré el fruto del corazón arrogante del rey de Asiria y la gloria de su altivez.
13 Porque él dice: «Con la fuerza de mi mano lo he hecho, y con mi sabiduría, porque soy prudente; he quitado los límites de los pueblos, he saqueado sus tesoros, y como un valiente he derribado a los que se sentaban en lo alto;
14 y mi mano halló como un nido las riquezas de los pueblos; y como quien recoge huevos abandonados, así recogí toda la tierra; y no hubo quien moviera el ala, ni abriera la boca, ni piara.»
Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español
Significado y explicación
El versículo Isaías 10:11 refleja la arrogancia del rey de Asiria, quien piensa que puede derrotar a Jerusalén y sus ídolos de la misma forma que ya destruyó Samaria y sus ídolos. Esta declaración expone su soberbia y su ignorancia al equiparar al Dios de Israel con ídolos falsos, subestimando la fidelidad de Jerusalén a su Dios, a diferencia de Samaria que había caído en idolatría abierta. Este versículo encierra una advertencia sobre el juicio divino que truncará tales presunciones.
Contexto literario
Isaías 10:5-19 describe cómo Dios utiliza al rey Asirio como instrumento de castigo contra la nación de Judá debido a su hipocresía y falta de verdadera reforma religiosa, pese a los esfuerzos iniciales del rey Ezequías por renovar la fe. El capítulo contrasta la destrucción definitiva de Israel (el reino del norte) con la amenaza a Judá, donde Sennacherib asciende tras las conquistas anteriores y sitia Jerusalén en el tiempo de Ezequías.
Desarrollo del pasaje
El rey de Asiria, lleno de orgullo y altanería, se atribuye sus victorias políticas y militares sin reconocer que es Dios quien permite su poder y éxito. En Isaías 10:11, su jactancia manifiesta la pretensión de replicar la caída de Samaria con Jerusalén, basándose en sus triunfos previos y despreciando la diferencia espiritual y la protección divina que tiene Judá. Sin embargo, su arrogancia es una ilusión; el profeta muestra que Dios gobierna y limita su accionar para corregir al pueblo, usando incluso al opresor para una finalidad mayor, la reforma y el juicio sobre Israel y Judá. Esta perspectiva histórica subraya que los intentos humanos de desafiar a Dios con soberbia tienen desenlaces fatales, ya que Dios hace caer a los orgullosos.
Nota de lectura
Este versículo nos invita a reconocer que la soberbia humana frente a la voluntad divina conduce a la caída. Sennacherib no comprende que su poder es solo permitido por Dios, quien usa a los gobernantes y sus ejércitos para sus propósitos de justicia y reforma. Mientras Samaria fue destruida por su idolatría, Jerusalén pudo ser preservada por su fidelidad, demostrando que confiar en Dios y evitar la hipocresía religiosa es crucial para la salvación y el juicio aprobado por Dios.
Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: isaiah 10:5-19. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.
Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.
Referencias cruzadas
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