Isaías 37:38
Y sucedió que, mientras adoraba en la casa de Nisroc su dios, sus hijos Adramelec y Sarezer lo mataron a espada, y huyeron a la tierra de Ararat. Y Esarhadón, su hijo, reinó en su lugar.
Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJVEl versículo en su contexto
Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.
35 Porque yo defenderé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David.
36 Entonces el ángel del Señor salió e hirió en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí, todos eran cadáveres.
37 Así Senaquerib, rey de Asiria, partió, se fue, regresó y habitó en Nínive.
38 Y sucedió que, mientras adoraba en la casa de Nisroc su dios, sus hijos Adramelec y Sarezer lo mataron a espada, y huyeron a la tierra de Ararat. Y Esarhadón, su hijo, reinó en su lugar.
Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español
Significado y explicación
Isaías 37:38 relata el asesinato del rey Senaquerib mientras adoraba a su dios Nisroc, siendo asesinado por sus propios hijos, Adramelec y Sarezer, quienes luego huyeron a la tierra de Ararat. Este episodio cierra un capítulo donde se muestra la caída del enemigo de Judá y confirma que Esarhadón, hijo de Senaquerib, asumió el trono en su lugar. La escena destaca cómo todo poder humano, por más grande que parezca, está bajo el control soberano de Dios, quien permite que las intrigas y traiciones humanas cumplan su voluntad. Además, subraya la justicia divina que se ejecuta incluso sobre aquellos que se alzan contra Él y contra su pueblo.
Contexto literario
En Isaías 37:21-38 se narra el conflicto entre el rey de Judá, Ezequías, y el rey asirio Senaquerib, quien amenaza a Jerusalén con su ejército. Ezequías ora a Dios, y mediante el profeta Isaías recibe una promesa de protección divina. Dios interviene directamente, destruyendo el ejército asirio en una noche, y Senaquerib fracasa en su invasión. Finalmente, el versículo 38 describe la muerte violenta de Senaquerib a manos de sus hijos, cerrando así el episodio con la manifestación de la justicia y el poder divinos ante la insurrección contra Israel.
Desarrollo del pasaje
El relato refleja cómo el orgullo y la arrogancia de Senaquerib, que menospreciaba al Dios de Israel, son castigados plenamente, primero con la aniquilación de su ejército y luego con su asesinato dentro de su propio palacio. La mención de que moría mientras adoraba a Nisroc enfatiza la inutilidad y el destino fatal de quien pone su confianza en ídolos falsos y en sus propias fuerzas. Asimismo, la fuga de sus hijos asesinos a Ararat indica el desmoronamiento del poder asirio y una especie de justicia terrenal interna. La ascensión de Esarhadón asegura la continuidad del reinado asirio pero bajo otras condiciones, evidenciando que el plan divino se cumple inexorablemente. Desde la perspectiva del comentarista, este pasaje reafirma que Dios es el protector de su pueblo y que derrota toda amenaza, incluso cuando ésta es ejecutada por grandes potencias militares y políticas.
Nota de lectura
El versículo es una conclusión detallada del fracaso de Senaquerib, mostrando que no solo su ejército fue destruido sino que también fue víctima de una traición interna. Esto complementa la idea de que Dios controla la historia y demuestra que la soberbia contra Él termina en ruina. La historia recuerda que el poder humano es temporal y vulnerable, y que la verdadera seguridad está en la confianza en Dios.
Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: isaiah 37:21-38. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.
Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.
Referencias cruzadas
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