Ezequiel 31:15
«Así dice el Señor Dios: El día que descendió al sepulcro hice duelo; cubrí el abismo por él, detuve sus ríos, y las grandes aguas se detuvieron; hice que el Líbano se lamentara por él, y todos los árboles del campo se marchitaron por él.»
Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJVEl versículo en su contexto
Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.
12 «Y extranjeros, los más terribles de las naciones, lo cortaron y lo dejaron; sus ramas cayeron sobre los montes y en todos los valles, y sus ramas fueron quebradas junto a todos los ríos de la tierra; y todos los pueblos de la tierra se apartaron de su sombra y lo abandonaron.»
13 «Sobre su ruina se posarán todas las aves del cielo, y todas las bestias del campo estarán sobre sus ramas.»
14 «Para que ninguno de todos los árboles junto a las aguas se eleve en su altura, ni levante su copa entre las ramas espesas, ni ninguno de los que beben agua permanezca en su altura; porque todos están entregados a la muerte, a las profundidades de la tierra, en medio de los hijos de los hombres, con los que descienden a la fosa.»
15 «Así dice el Señor Dios: El día que descendió al sepulcro hice duelo; cubrí el abismo por él, detuve sus ríos, y las grandes aguas se detuvieron; hice que el Líbano se lamentara por él, y todos los árboles del campo se marchitaron por él.»
16 «Hice temblar a las naciones al sonido de su caída, cuando lo hice descender al Seol con los que descienden a la fosa; y todos los árboles de Edén, lo mejor y lo escogido del Líbano, todos los que beben agua, se consolaron en las profundidades de la tierra.»
17 «También ellos descendieron con él al Seol, a los muertos a espada; y los que fueron su brazo, los que habitaban bajo su sombra en medio de las naciones.»
18 «¿A quién te igualas en gloria y grandeza entre los árboles de Edén? Sin embargo, serás derribado junto con los árboles de Edén a las profundidades de la tierra; yacerás en medio de los incircuncisos, con los muertos a espada. Este es Faraón y toda su multitud», dice el Señor Dios.
Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español
Significado y explicación
El versículo Ezequiel 31:15 describe con gran solemnidad la reacción del Señor Dios ante la caída de un gran monarca, retratado como un majestuoso cedro. La imagen presenta a Dios haciendo duelo por este rey —probablemente el rey de Asiria— al mismo tiempo que detiene los cursos de agua y hace que todo el Líbano y los árboles se lamenten y marchiten por su caída. Esto simboliza la magnitud y el impacto que tuvo su derrumbe para las naciones y la naturaleza, ilustrando que su grandeza no pasó inadvertida y su caída fue motivo de duelo generalizado.
Contexto literario
El comentario se centra en el pasaje Ezequiel 31:10-18, que compara a dos reyes poderosos —el rey de Egipto y el rey de Asiria— resaltando sus similitudes en poder y orgullo, pero también en su inevitable caída. La narrativa desarrolla cómo el rey de Asiria, caracterizado como un imponente cedro, fue derrotado debido a su soberbia y maldad. Dios actuó entregándolo a otros reinos para su destrucción, y su fin sirvió como advertencia a otros poderes que se elevan orgullosos sin reconocimiento de Dios. El versículo 15 se ubica en medio de esta reflexión, capturando la amplitud de la lamentación divina y cósmica por esta pérdida.
Desarrollo del pasaje
En Ezequiel 31:15 se observa una metáfora profunda y conmovedora: la muerte del poderoso rey es tan trascendental que provoca una reacción generalizada. Dios hace un duelo activo, baja al sepulcro y detiene los ríos, símbolos de la interrupción del orden natural en señal de respeto y tristeza. Además, el Líbano, tierra de cedros renombrados, y todos los árboles del campo se marchitan, reflejando la conmoción causada por semejante caída. Este dramático despliegue enfatiza que, aunque ese rey fue elevado a gran altura por su orgullo y poder, su fin fue inevitable y dejó un vacío que hizo que incluso la naturaleza expresara su tristeza. La metáfora sirve para subrayar que la soberbia y la opresión terminan siempre en ruina y que Dios está soberanamente involucrado en la elevación y abatimiento de los reyes.
Nota de lectura
El duelo descrito no debe entenderse como un sufrimiento humano en Dios, sino como la expresión figurada del juicio y soberanía divina al derribar a los poderosos. El detener ríos y la lamentación de los árboles representa el impacto universal del castigo divino y es una advertencia para los líderes humanos sobre las consecuencias de la arrogancia y la corrupción. También refleja cómo las naciones y sus aliados, incluso aquellos que celebraron la gloria de estos reyes, tendrán que afrontar la realidad de su caída. Finalmente, la escena advierte que ningún poder terrenal es eterno frente al juicio divino.
Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: ezekiel 31:10-18. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.
Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.
Referencias cruzadas
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