Ezequiel 3:19
Pero si adviertes al impío, y él no se aparta de su maldad ni de su mal camino, él morirá por su iniquidad, pero tú habrás librado tu alma.
Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJVEl versículo en su contexto
Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.
16 Al cabo de siete días, la palabra del Señor vino a mí, diciendo:
17 «Hijo de hombre, te he puesto como atalaya para la casa de Israel; escucha, pues, la palabra que sale de mi boca, y adviérteles de mi parte».
18 Cuando yo diga al impío: “Ciertamente morirás”, y tú no lo adviertas, ni hables para prevenir al impío de su mal camino y salvar su vida, ese impío morirá por su iniquidad; pero yo demandaré su sangre de tu mano.
19 Pero si adviertes al impío, y él no se aparta de su maldad ni de su mal camino, él morirá por su iniquidad, pero tú habrás librado tu alma.
20 Y cuando un justo se aparte de su justicia y haga iniquidad, y yo ponga tropiezo delante de él, morirá; porque no lo advertiste, morirá por su pecado, y la justicia que hizo no será recordada; pero su sangre demandaré de tu mano.
21 Sin embargo, si adviertes al justo para que no peque, y él no peca, ciertamente vivirá, porque fue advertido; y tú habrás librado tu alma.
22 Y la mano del Señor estuvo sobre mí, y me dijo: «Levántate, sal al valle, y allí hablaré contigo».
Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español
Significado y explicación
En Ezequiel 3:19, el versículo indica que si un profeta advierte al impío para que deje su maldad y no lo hace, la consecuencia será la muerte del impío por su iniquidad, pero el profeta habrá salvado su propia vida al cumplir su deber. Esto establece una clara responsabilidad moral y espiritual para el mensajero de Dios, quien debe proclamar la advertencia sin importar la reacción del receptor.
Contexto literario
Este versículo forma parte de un pasaje mayor (Ezequiel 3:16-21) donde Dios instruye al profeta Ezequiel después de una experiencia visionaria en el exilio, probablemente en un sábado, día que el pueblo israelita en cautiverio aún observaba con cierto rigor ritual y espiritual. En este contexto, Ezequiel es designado como 'atalaia' o vigilante, encargado de advertir a Israel ante el peligro moral y espiritual, similar al deber de un centinela que alerta sobre amenazas externas.
Desarrollo del pasaje
La imagen del profeta como un guardián en una ciudad sitiada resalta la importancia de estar atento a las señales de peligro y comunicar a tiempo esa información para prevenir daños. En este caso, la 'amenaza' es el pecado y la iniquidad que conducen a la destrucción. El mandato es que Ezequiel escuche con atención la palabra de Dios y la anuncie fielmente al pueblo. Si el impío no cambia su camino, morirá bajo sus propias consecuencias; sin embargo, el profeta habrá cumplido su responsabilidad y salvado su alma. Esto refleja también la carga y el riesgo del ministerio profético, quien no siempre es escuchado o aceptado, pero cuya fidelidad es esencial para proteger la comunidad espiritual.
Nota de lectura
El pasaje subraya que, aunque la obra profética puede no ser siempre gloriosa o de revelaciones espectaculares, su función práctica y cotidiana es fundamental. Los ministros de la palabra deben estar atentos a la voluntad divina, anunciar con claridad las advertencias necesarias y asegurar su propia integridad ante Dios, sabiendo que la salvación del pueblo depende en parte de su fidelidad en el cumplimiento de su tarea.
Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: ezekiel 3:16-21. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.
Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.
Referencias cruzadas
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