Ezequiel 11:3
Ellos dicen: «No está cerca; construyamos casas. Esta ciudad es la olla, y nosotros la carne».
Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJVEl versículo en su contexto
Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.
1 Además, el espíritu me levantó y me llevó a la puerta oriental de la casa del Señor, que mira hacia el oriente. Allí, a la entrada, vi a veinticinco hombres; entre ellos reconocí a Jaazanías hijo de Azur y a Pelatías hijo de Benaías, príncipes del pueblo.
2 Y él me dijo: «Hijo de hombre, estos son los hombres que traman el mal y dan consejo perverso en esta ciudad».
3 Ellos dicen: «No está cerca; construyamos casas. Esta ciudad es la olla, y nosotros la carne».
4 Por tanto, profetiza contra ellos; profetiza, hijo de hombre.
5 Y el Espíritu del Señor vino sobre mí y me dijo: «Habla: Así dice el Señor: Así han hablado, casa de Israel; porque yo conozco los pensamientos que surgen en su mente, cada uno de ellos».
6 Han multiplicado sus muertos en esta ciudad, y han llenado sus calles de cadáveres.
Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español
Significado y explicación
En Ezequiel 11:3, dentro del contexto de un consejo de los principales de Jerusalén, se revela una actitud de falsa seguridad ante las advertencias de juicio divino. Los líderes expresan la idea de que la destrucción de la ciudad no está próxima, lo que los lleva a improvisar planes de construcción y perpetuación de su vida en la ciudad. Esta confianza se ilustra con la metáfora de la ciudad como un caldero y ellos como la carne dentro, seguros y protegidos aunque la amenaza sea inminente. Esta postura refleja una resistencia interna a la reforma y un subestimar la paciencia y justicia de Dios, creyendo erróneamente que el castigo puede demorarse indefinidamente. Sin embargo, el comentario apunta que esta confianza es infundada porque Dios conoce sus pensamientos y acciones, y tiene en cuenta quién dirige el pueblo hacia el pecado y la rebeldía. La imagen del caldero es sarcástica, ya que aquellos que creen estar seguros serán justamente los primeros en ser removidos y castigados, mostrando que la seguridad humana es vana frente al juicio divino.
Contexto literario
El versículo forma parte del discurso profético dirigido a los veinticinco príncipes que gobernaban Jerusalén durante un tiempo de crisis y peligro inminente. Estos líderes estaban reuniéndose en el portón del templo para deliberar sobre asuntos graves relacionados con el futuro de la ciudad bajo la amenaza de destrucción total. Este pasaje pertenece al capítulo 11 de Ezequiel, donde se denuncia la conspiración y el mal consejo de estos gobernantes, quienes, bajo apariencia de proteger la ciudad, fomentan la rebeldía y la negación de las advertencias proféticas, confiando en la fortaleza física y en su posición dentro de Jerusalén para evitar el castigo divino.
Desarrollo del pasaje
El texto refleja la profunda ironía de la situación: a pesar de las claras señales y profecías sobre la caída de Jerusalén, los príncipes permanecen endurecidos y buscan fomentar la confianza entre el pueblo con falsos discursos. Usan la imagen del caldero y la carne para transmitir una supuesta seguridad absoluta, creyendo que están protegidos por las murallas de la ciudad como la carne dentro de un caldero hirviendo. Sin embargo, esta seguridad no es real; es una confianza ilusoria que evita la verdadera reflexión y arrepentimiento. El profeta Ezequiel, guiado por el Espíritu, observa esta escena y es instruido para denunciar estas actitudes y para llamar a la desilusión y al reconocimiento de la justicia de Dios. La confianza mal fundada de los príncipes los hace responsables de las muertes y la destrucción que eventualmente ocurrirá, pues impiden la llegada de la corrección necesaria. Así, el mensaje subraya la soberanía de Dios y la inevitabilidad del juicio que viene para aquellos que ignoran sus avisos.
Nota de lectura
Este versículo es un claro ejemplo de cómo, en momentos críticos, los líderes pueden malinterpretar o ignorar las señales divinas, provocando consecuencias trágicas para el pueblo. La metáfora del caldero y la carne transmite la tragedia de la seguridad humana mal fundamentada, que suele preceder a la caída. También resalta la omnisciencia divina respecto a los pensamientos y motivos ocultos, mostrando que nada escapa al juicio de Dios. La advertencia es aplicable a cualquier época: no hay que subestimar el tiempo ni la justicia de Dios, ni confiar en fortalezas humanas como sustituto de la verdadera obediencia y arrepentimiento.
Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: ezekiel 11:1-13. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.
Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.
Referencias cruzadas
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