Deuteronomio 9:27
Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob; no mires la terquedad de este pueblo, ni su maldad, ni su pecado,
Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJVEl versículo en su contexto
Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.
24 Han sido rebeldes contra el Señor desde el día que los conozco.
25 Así que me postré ante el Señor cuarenta días y cuarenta noches, como la primera vez, porque el Señor había dicho que los destruiría.
26 Y oré al Señor, diciendo: «Oh Señor Dios, no destruyas a tu pueblo ni a tu herencia, que redimiste con tu grandeza, que sacaste de Egipto con mano poderosa.
27 Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob; no mires la terquedad de este pueblo, ni su maldad, ni su pecado,
28 no sea que la tierra de donde nos sacaste diga: “Por cuanto el Señor no pudo introducirlos en la tierra que les prometió, y porque los aborrecía, los sacó para matarlos en el desierto”.
29 Pero ellos son tu pueblo y tu herencia, que sacaste con tu gran poder y con tu brazo extendido.
Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español
Significado y explicación
En Deuteronomio 9:27 se recuerda a Dios la misericordia otorgada a sus siervos Abraham, Isaac y Jacob, y se pide que no considere la obstinación, la maldad ni el pecado del pueblo actual. Este versículo, en medio del relato de la rebelión persistente del pueblo, destaca que su entrada a la tierra prometida no fue por su rectitud, sino por la gracia y el favor divino concedidos a sus ancestros.
Contexto literario
El pasaje entre Deuteronomio 9:7-29 relata las repetidas provocaciones e infidelidades del pueblo israelita desde su salida de Egipto, incluyendo la fabricación del becerro de oro en el monte Horeb, a pesar de la ley dada allí mismo. Dios se mostró muy enojado con ellos, llegando incluso a querer destruirlos, pero debido a la intercesión de Moisés y su fidelidad a Abraham, Isaac y Jacob, perdonó a la generación actual, permitiéndoles entrar en Canaán.
Desarrollo del pasaje
Moisés expone cómo el pueblo israelita fue rebelde y pecador reiteradamente desde el principio, cargando sobre ellos la responsabilidad de los mismos pecados de sus antepasados y su propia terquedad. La formación inmediata de facciones contrarias a Dios y la idolatría del becerro de oro son ejemplos evidentes de su rebelión. A pesar de que Dios tenía derecho a castigarlos severamente, la misericordia divina se manifestó para no destruirlos debido a la promesa hecha a sus patriarcas. La destrucción del ídolo sirvió como una señal contra su pecado, y aun tras esta reprensión, el pueblo continuó provocando a Dios en varias ocasiones.
Nota de lectura
Este versículo y su contexto nos recuerdan la importancia de reconocer que la relación privilegiada con Dios no se basa en la justicia propia, sino en la gracia divina y la fidelidad a las promesas hechas a los antepasados. La historia israelita es una muestra de cómo la misericordia de Dios puede prevalecer sobre la justicia estricta, y nos invita a la humildad y al arrepentimiento, conscientes de nuestra falta y de la necesidad constante de la gracia.
Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: deuteronomy 9:7-29. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.
Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.
Referencias cruzadas
Explorá otros pasajes relacionados con este versículo. Los vínculos provienen del índice de OpenBible.info, ordenados por relevancia y presentados en nuestra traducción.
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