Hechos 3:5
Y él los miró atentamente, esperando recibir algo de ellos.
Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJVEl versículo en su contexto
Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.
2 Y un hombre, cojo desde el vientre de su madre, era llevado y colocado cada día junto a la puerta del templo llamada Hermosa, para pedir limosna a los que entraban en el templo.
3 Al ver que Pedro y Juan iban a entrar en el templo, les pidió una limosna.
4 Entonces Pedro, fijando en él la mirada junto con Juan, dijo: «Míranos».
5 Y él los miró atentamente, esperando recibir algo de ellos.
6 Pero Pedro dijo: «Plata y oro no tengo; pero lo que tengo, te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda».
7 Tomándolo de la mano derecha, lo levantó; y al instante sus pies y tobillos cobraron fuerza.
8 De un salto se puso en pie y comenzó a caminar; entró con ellos en el templo, andando, saltando y alabando a Dios.
Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español
Significado y explicación
En Hechos 3:5, el hombre cojo miraba fijamente a Pedro y Juan con la esperanza de recibir alguna limosna. Este versículo captura la expectativa natural de alguien que vive de la caridad, reflejando su necesidad y esperanza. Sin embargo, la narrativa va más allá al mostrar que sus expectativas, aunque simples, serán superadas de manera sorprendente por medio del poder divino obrado a través de los apóstoles.
Contexto literario
El versículo se encuentra dentro del relato de Hechos 3:1-11, donde Pedro y Juan, dos prominentes apóstoles, se dirigen al templo en el horario de la oración. Allí encuentran a un mendigo cojo de nacimiento, asentado en la puerta Hermosa del templo, a quien habitualmente se le daba limosna al entrar o salir del lugar. El sitio y la hora muestran la práctica judía de orar en horarios fijos y la costumbre de la caridad hacia los necesitados.
Desarrollo del pasaje
El mendigo, nacido cojo y dependiente de la caridad, ve a Pedro y Juan y fija su mirada sobre ellos, esperando recibir una moneda. Los apóstoles eran conocidos por su generosidad, aunque en realidad estaban modestamente provistos y los recursos que tenían para ayudar a los pobres se administraban cuidadosamente para mantener la comunidad necesitaba. Pedro y Juan, en lugar de dar oro o plata, que no tenían, ofrecieron algo mucho más valioso: la curación milagrosa del hombre. Este momento enfatiza que aunque las expectativas pueden ser limitadas a cuanto el hombre pudo imaginar, la gracia y poder divinos pueden superar cualquier expectativa humana. La mirada fija del mendigo simboliza la atención y apertura necesaria para recibir la bendición que viene de Dios a través de sus instrumentos.
Nota de lectura
Este relato muestra que Dios obra a través de sus siervos en momentos y lugares precisos para cumplir su propósito. La presencia en el templo durante la oración subraya la importancia de la comunión y la disposición espiritual para recibir milagros. Además, la intimidad y cooperación de Pedro y Juan reflejan cómo la unidad en el ministerio es clave para manifestar el poder divino. La historia también nos invita a reflexionar sobre nuestra propia expectativa al acudir a Dios: una mirada enfocada y una fe abierta pueden ser el primer paso para recibir más de lo que imaginamos.
Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: acts 3:1-11. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.
Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.