Jeremías 17:4
Y tú, sí, tú mismo, serás despojado de la heredad que te di; haré que sirvas a tus enemigos en una tierra que no conoces, porque encendieron un fuego en mi ira, que arderá para siempre.
Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJVEl versículo en su contexto
Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.
1 El pecado de Judá está grabado con un cincel de hierro, con punta de diamante; está inscrito en la tabla de su corazón y en los cuernos de sus altares.
2 Sus hijos recuerdan sus altares y sus imágenes de madera, junto a los árboles verdes, en las colinas elevadas.
3 Montaña mía en el campo, entregaré tus riquezas y todos tus tesoros al saqueo, y tus lugares altos, por el pecado, en todos tus territorios.
4 Y tú, sí, tú mismo, serás despojado de la heredad que te di; haré que sirvas a tus enemigos en una tierra que no conoces, porque encendieron un fuego en mi ira, que arderá para siempre.
5 Así dice el Señor: Maldito el hombre que confía en el hombre, que pone su fuerza en la carne y aparta su corazón del Señor.
6 Será como un arbusto en el desierto, que no ve cuando llega el bien; habitará en lugares secos del desierto, en tierra salada y deshabitada.
7 Bendito el hombre que confía en el Señor, y cuya esperanza es el Señor.
Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español
Significado y explicación
El pasaje de Jeremías 17:1-4 presenta una respuesta contundente a la pregunta que el pueblo había realizado sobre su pecado, cuestionando qué delito habían cometido para merecer juicio divino. El comentarista subraya que la culpabilidad está claramente establecida y es innegable, pues los pecados están literalmente inscritos en el corazón y registrados bajo la omnisciencia de Dios, visibles para todos y sellados como evidencia permanente. La inclinación al pecado no solo persiste, sino que está profundamente arraigada, similar a una marca indeleble en la naturaleza del pueblo, que no muestra arrepentimiento ni voluntad de cambiar. Como consecuencia irreversible, Dios anuncia un castigo severo: la pérdida de la heredad dada, la entrega de sus riquezas a extranjeros y el exilio a tierras extrañas, simbolizando la ruptura definitiva con su tierra y con las bendiciones divinas por su infidelidad y apostasía.
Contexto literario
En el contexto inmediato de Jeremías 17:1-4, el pueblo cuestionaba su responsabilidad ante Dios, manifestando una actitud de negación acerca de la gravedad de sus pecados. La denuncia divina se orienta a hacer visible lo que ya era evidente: la persistencia e intensidad de su idolatría y desobediencia, que los ha llevado a romper el pacto con Dios. El texto enfatiza la conexión íntima entre pecado y castigo, señalando las consecuencias concretas de su infidelidad que incluyen la pérdida material y el exilio forzado.
Desarrollo del pasaje
Jeremías 17:4 en particular concentra la sentencia final tras probar la culpabilidad del pueblo.
Nota de lectura
La expresión de que Dios escribirá la transgresión con una “pluma de hierro y con punta de diamante” resalta la naturaleza perpetua e inevitable de sus pecados como evidencia clara e imborrable ante Dios, haciendo imposible la negación o el olvido. Además, el castigo no es arbitrario, sino que representa la justicia divina frente a un pueblo que deliberadamente ha encendido la ira de Dios mediante sus acciones idolátricas y persistencia en el pecado.
Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: jeremiah 17:1-4. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.
Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.
Referencias cruzadas
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