Ezequiel 25:3
Y diles a los amonitas: ‘Escuchen la palabra del Señor Dios. Así dice el Señor Dios: Porque dijiste: “¡Ajá!” contra mi santuario cuando fue profanado, y contra la tierra de Israel cuando quedó desolada, y contra la casa de Judá cuando fueron llevados cautivos;
Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJVEl versículo en su contexto
Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.
1 La palabra del Señor vino de nuevo a mí, diciendo:
2 «Hijo de hombre, vuelve tu rostro contra los amonitas y profetiza contra ellos.
3 Y diles a los amonitas: ‘Escuchen la palabra del Señor Dios. Así dice el Señor Dios: Porque dijiste: “¡Ajá!” contra mi santuario cuando fue profanado, y contra la tierra de Israel cuando quedó desolada, y contra la casa de Judá cuando fueron llevados cautivos;
4 por eso, te entregaré a los pueblos del oriente como posesión. Ellos acamparán en ti y harán de ti su morada. Comerán tu fruto y beberán tu leche.
5 Convertiré a Rabá en corral de camellos, y a los amonitas en lugar de descanso para rebaños. Y sabrán que yo soy el Señor.’»
6 Porque así dice el Señor Dios: «Por cuanto aplaudiste y pateaste con los pies, y te alegraste de corazón con todo tu desprecio contra la tierra de Israel,
Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español
Significado y explicación
El versículo Ezequiel 25:3 forma parte de un mensaje del profeta dirigido a los amonitas, representando la palabra del Dios de Israel contra ellos debido a su hostilidad y burla hacia el pueblo y el santuario de Israel en sus momentos de calamidad. La acusación central es que se alegraron y se regocijaron ante la destrucción y cautiverio de Judá, mostrando un desprecio insolente y malicioso que contrasta con la fidelidad de Dios a su pueblo y su pacto.
Contexto literario
Ezequiel 25:1-7 aborda específicamente el juicio divino contra los amonitas, vecinos de Israel, quienes se gozaron ante la caída y sufrimiento del pueblo de Dios durante la conquista de Babilonia. El profeta, a pesar de estar en cautiverio y lejos de la situación directa, recibe el encargo divino de confrontar y anunciar la condena contra esos pueblos que, motivados por envidia y odio religioso, celebraron la caída de Jerusalén y el profanamiento del templo.
Desarrollo del pasaje
El texto señala cómo los amonitas expresaron su júbilo al contemplar la profanación del santuario y el despojo de la tierra de Israel, extendiendo su alegría ante el cautiverio de Judá. Esta actitud se describe como una malicia injustificada, no motivada por un beneficio propio, sino por un auténtico rencor que refleja el antagonismo persistente hacia el pueblo de Dios. La profecía advierte que esta insolencia y gozo ante el sufrimiento ajeno provocarán la ira divina, que llevará a la destrucción de los amonitas. El profeta debe hablar con firmeza, porque representa la autoridad de Dios, quien defiende el honor de su pueblo y no tolera que sean objeto de burla y desprecio impunemente.
Nota de lectura
El versículo y su contexto muestran la importancia de la fidelidad y la defensa del pueblo de Dios frente a sus enemigos. La profecía enfatiza que la celebración maliciosa de las desgracias de otros, especialmente de los justos, atrae el juicio divino. El lenguaje empleado refleja la seriedad del mensaje profético y la convicción de que Dios es soberano sobre todas las naciones, dispuesto a castigar la injusticia y vindicar a su pueblo.
Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: ezekiel 25:1-7. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.
Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.
Referencias cruzadas
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