Estudio / Jeremías 32 / Versículo 36

Jeremías 32:36

«Y ahora, por tanto, así dice el Señor, el Dios de Israel, acerca de esta ciudad, de la cual ustedes dicen: “Será entregada en manos del rey de Babilonia por la espada, el hambre y la peste”».

Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJV

El versículo en su contexto

Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.

33 «Me dieron la espalda y no el rostro; aunque me levantaba temprano para enseñarles, no escucharon para recibir corrección».

34 «Antes bien, pusieron sus abominaciones en la casa que lleva mi nombre, para profanarla».

35 «Y edificaron los lugares altos de Baal, que están en el valle del hijo de Hinom, para hacer pasar por el fuego a sus hijos y a sus hijas en honor a Moloc, lo cual no les mandé, ni se me ocurrió que hicieran tal abominación para hacer pecar a Judá».

36 «Y ahora, por tanto, así dice el Señor, el Dios de Israel, acerca de esta ciudad, de la cual ustedes dicen: “Será entregada en manos del rey de Babilonia por la espada, el hambre y la peste”».

37 «He aquí, yo los reuniré de todas las tierras a donde los expulsé en mi furor, en mi ira y en gran indignación; los haré volver a este lugar y los haré habitar seguros».

38 «Serán mi pueblo, y yo seré su Dios».

39 «Les daré un solo corazón y un solo camino, para que me teman todos los días, para bien de ellos y de sus hijos después de ellos».

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Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español

Análisis del pasaje

Significado y explicación

El versículo Jeremías 32:36 refleja una declaración profética en medio de una situación desesperada: el pueblo había declarado que Jerusalén sería entregada al rey de Babilonia por la espada, el hambre y la peste. El comentario histórico aclara que este pronunciamiento es parte de un mensaje divino mixto de juicio y esperanza. Aunque la destrucción de Jerusalén es segura y decretada por Dios a causa de la rebelión e idolatría persistente, no es el fin definitivo. Dios, a través de Jeremías, afirma su soberanía absoluta sobre la historia y los acontecimientos humanos, dejando claro que nada es imposible para Él, ni para destruir ni para restaurar.

Contexto literario

El pasaje de Jeremías 32:26-44 se sitúa en un momento crítico cuando Jerusalén está sitiada por Babilonia. El pueblo está en estado de desesperación, creyendo firmemente que la ciudad será conquistada y su destino será la ruina a causa de la espada, el hambre y la peste. Jeremías, habiendo comprado un campo en Anathoth como signo simbólico, ora por la restauración de su pueblo, aunque Dios confirma que el juicio inmediato debe cumplirse. Sin embargo, también se revela que, tras el castigo, existe un futuro de gracia y restauración para la nación. Este contexto prepara la base para que Jeremías y su pueblo comprendan la combinación de juicio y esperanza en la palabra de Dios.

Desarrollo del pasaje

La declaración expresa en Jeremías 32:36 reconoce la desesperación del pueblo y su percepción de la conquista inminente. El comentario detalla cómo Dios reafirma su control soberano sobre toda la humanidad y la historia, reafirmando que la destrucción de Jerusalén, aunque terrible, es justa por la persistente idolatría, provocación y rechazo a sus advertencias. Sin embargo, esta sentencia de juicio no es incompatible con la promesa de restauración futura, una idea central del pasaje. Dios promete reunir de nuevo a su pueblo, establecer un nuevo pacto y darles un corazón temeroso de Él. La promesa incluye una renovación espiritual profunda y duradera, más valiosa que la mera recuperación de tierras o posesiones físicas. El versículo es una parte clave que muestra el reconocimiento del pueblo sobre su destino inmediato, preparándolos para el anuncio posterior de gracia y reconciliación que también Dios tiene reservado.

Nota de lectura

Este versículo, tomado del discurso más amplio de Jeremías 32:26-44, debe entenderse dentro de la tensión entre juicio presente y esperanza futura. Aunque el pueblo declara la derrota segura, esta afirmación es un punto de partida para que Dios revele tanto la realidad del castigo por el pecado como el alcance de su misericordia a largo plazo. La soberanía de Dios se destaca como fundamento para entender que ninguna situación humana está fuera de su control, y que las promesas de restauración siempre están condicionadas a un proceso de cambio espiritual profundo y verdadero.

Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: jeremiah 32:26-44. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.

Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.

La Biblia se conecta

Referencias cruzadas

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Datos: OpenBible.info · Licencia CC BY · Las relaciones son sugerencias de estudio y no reemplazan la lectura en contexto.

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