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Job 3

26 versículos

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1 Después de esto, Job abrió la boca y maldijo el día de su nacimiento.

2 Y Job habló y dijo:

3 «Perezca el día en que nací, y la noche que dijo: “Ha sido concebido un varón”.

4 Que ese día quede en tinieblas; que Dios desde lo alto no lo busque, ni la luz brille sobre él.

5 Que la tiniebla y la sombra de muerte lo reclamen; que una nube lo cubra y que la oscuridad del día lo aterrorice.

6 Que la oscuridad se apodere de esa noche; que no se una a los días del año ni figure entre los meses.

7 Que esa noche sea estéril; que no se escuche en ella voz de alegría.

8 Que la maldigan quienes maldicen el día, los que están listos para despertar al Leviatán.

9 Que se oscurezcan las estrellas de su alba; que espere la luz y no la vea, ni contemple los rayos de la aurora;

10 porque no cerró las puertas del vientre de mi madre, ni ocultó el dolor de mis ojos.

11 ¿Por qué no morí en el vientre? ¿Por qué no expiré al salir del seno?

12 ¿Por qué me recibieron las rodillas? ¿Y por qué los pechos para que mamara?

13 Pues ahora estaría yo acostado y en paz; dormiría y entonces tendría descanso,

14 con los reyes y consejeros de la tierra, que edificaron para sí ruinas;

15 o con príncipes que poseían oro, que llenaban de plata sus casas;

16 o como un aborto oculto, no habría existido; como niños que nunca vieron la luz.

17 Allí cesan los impíos de perturbar, y allí descansan los cansados.

18 Allí reposan juntos los cautivos; no escuchan la voz del opresor.

19 Allí están el pequeño y el grande, y el siervo libre de su señor.

20 ¿Por qué se da luz al que sufre, y vida a los de ánimo abatido,

21 que anhelan la muerte y no la alcanzan, y la buscan más que tesoros escondidos;

22 que se alegran sobremanera y se regocijan cuando encuentran la tumba?

23 ¿Por qué se da luz al hombre cuyo camino está oculto, y a quien Dios ha cercado?

24 Porque mis suspiros preceden a mi pan, y mis gemidos se derraman como aguas.

25 Porque el temor que me aterraba me ha sobrevenido, y lo que temía me ha acontecido.

26 No tuve seguridad, ni reposo, ni descanso; y la turbación llegó.