← Volver a los 66 libros · Traducción moderna al español

Hechos 9

43 versículos

Tocá el número de un versículo para convertirlo en una imagen.

1 Saulo, todavía lleno de amenazas y dispuesto a matar a los discípulos del Señor, fue al sumo sacerdote,

2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, con el fin de que, si encontraba a algunos que siguieran este Camino, hombres o mujeres, los pudiera traer atados a Jerusalén.

3 Mientras iba de camino, al acercarse a Damasco, de repente una luz del cielo lo envolvió.

4 Cayó a tierra y escuchó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»

5 Él preguntó: «¿Quién eres, Señor?» Y el Señor respondió: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues; es duro para ti dar coces contra el aguijón».

6 Temblando y asombrado, dijo: «Señor, ¿qué quieres que haga?» Y el Señor le dijo: «Levántate, entra en la ciudad, y allí te dirán lo que debes hacer».

7 Los hombres que iban con él se quedaron paralizados, oyendo la voz pero sin ver a nadie.

8 Entonces Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos, no veía a nadie; así que lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco.

9 Permaneció tres días sin ver, sin comer ni beber.

10 Había en Damasco un discípulo llamado Ananías; y el Señor le dijo en visión: «Ananías». Él respondió: «Aquí estoy, Señor».

11 El Señor le dijo: «Levántate, ve a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque él está orando,

12 y ha visto en visión a un hombre llamado Ananías entrar y poner las manos sobre él para que recobre la vista».

13 Entonces Ananías respondió: «Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén;

14 y aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para arrestar a todos los que invocan tu nombre».

15 Pero el Señor le dijo: «Ve, porque este es un instrumento escogido para llevar mi nombre ante gentiles, reyes y los hijos de Israel;

16 porque yo le mostraré cuánto debe padecer por causa de mi nombre».

17 Ananías fue, entró en la casa y, poniendo las manos sobre él, dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo».

18 Al instante, cayeron de sus ojos como escamas, y recobró la vista; luego se levantó y fue bautizado.

19 Después de comer, recobró fuerzas. Saulo permaneció algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.

20 Enseguida comenzó a predicar a Cristo en las sinagogas, proclamando que él es el Hijo de Dios.

21 Todos los que lo oían se asombraban y decían: «¿No es este el que en Jerusalén destruía a los que invocaban este nombre, y que ha venido aquí precisamente para llevarlos atados ante los principales sacerdotes?»

22 Pero Saulo se fortalecía cada vez más y confundía a los judíos que vivían en Damasco, demostrando que Jesús es el Cristo.

23 Pasados muchos días, los judíos se pusieron de acuerdo para matarlo;

24 pero su plan llegó a conocimiento de Saulo. Vigilaban las puertas día y noche para darle muerte.

25 Entonces los discípulos, para protegerlo, lo bajaron de noche por el muro en una canasta.

26 Cuando Saulo llegó a Jerusalén, intentó integrarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, sin creer que fuera realmente discípulo.

27 Pero Bernabé lo tomó consigo, lo llevó ante los apóstoles y les contó cómo había visto al Señor en el camino, cómo le había hablado, y cómo en Damasco había predicado con valentía en el nombre de Jesús.

28 Y estaba con ellos en Jerusalén, entrando y saliendo.

29 Hablaba con valentía en el nombre del Señor Jesús y discutía con los helenistas; pero ellos procuraban matarlo.

30 Al enterarse los hermanos, lo llevaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso.

31 Entonces las iglesias por toda Judea, Galilea y Samaria tuvieron paz, y eran edificadas; y andando en el temor del Señor y en la consolación del Espíritu Santo, se multiplicaban.

32 Y sucedió que, mientras Pedro recorría todos los lugares, también llegó a los santos que habitaban en Lida.

33 Allí encontró a un hombre llamado Eneas, que llevaba ocho años postrado en cama, porque era paralítico.

34 Pedro le dijo: «Eneas, Jesucristo te sana; levántate y arregla tu cama». Y al instante se levantó.

35 Todos los habitantes de Lida y Sarón lo vieron, y se convirtieron al Señor.

36 En Jope había entonces una discípula llamada Tabita, que traducido es Dorcas; ella abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía.

37 En aquellos días enfermó y murió; después de lavarla, la pusieron en una habitación alta.

38 Como Lida estaba cerca de Jope, y los discípulos supieron que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres rogándole: «No tardes en venir hasta nosotros».

39 Pedro se levantó y fue con ellos. Al llegar, lo llevaron a la habitación alta; todas las viudas lo rodeaban llorando y mostrando las túnicas y vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas.

40 Pedro hizo salir a todos, se arrodilló y oró; luego, volviéndose al cuerpo, dijo: «Tabita, levántate». Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó.

41 Él le tomó de la mano y la levantó; luego, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva ante ellos.

42 Esto se difundió por toda Jope, y muchos creyeron en el Señor.

43 Pedro permaneció varios días en Jope, hospedado en casa de un tal Simón, curtidor.